
ENSAYO SOBRE LA “GOBERNANZA”
A PARTIR DE LOS TEXTOS DE NATERA, MAYNTZ Y RUANO
Los términos “gobernabilidad” y “gobernanza”, tan de moda en nuestros días, no cuentan con una larga historia en el mundo del desarrollo. A fines de la década de los ochenta, esos términos apenas se escuchaban en los corredores de las multilaterales, de agencias de cooperación, de ONGs o de otras organizaciones del desarrollo. Hoy en día, por el contrario,
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es difícil que una publicación del sistema de Naciones Unidas, o de cualquier institución vinculada a las prácticas del desarrollo, no haga una referencia ya sea a la “gobernabilidad”, ya sea a la “gobernanza”, o más exactamente, a la “gobernabilidad como gobernanza”[1].
“Lo que ha contribuido a la mencionada amplitud y confusión acerca del concepto de gobernabilidad ha sido su utilización por las agencias internacionales como sinónimo de “governance” (o gobernanza – como recientemente ha propuesto y ha aceptado traducirlo la Unión Europea y la Real Academia de la Lengua Española respectivamente). Quizás la utilización más explícita del concepto ha sido la realizada por el Banco Mundial y el PNUD, quienes durante mucho tiempo han utilizado el término de gobernabilidad para referirse a: (1) el proceso y las reglas mediante los cuales los gobiernos son elegidos, mantenidos, responsabilizados y reemplazados; (2) la capacidad de los gobiernos para gestionar los recursos de manera eficiente y formular, implementar y reforzar políticas y regulaciones; y (3) el respeto de los ciudadanos y del estado a las instituciones que gobiernan las interacciones socio-económicas entre ellos”.[2]
Nos preguntamos entonces, ¿qué es la gobernanza? Antonio Natera, en su Documento de Trabajo nº 2/2004, nos plantea de manera práctica y resumida, que la gobernanza “se refiere a la puesta en práctica de estilos de gobernar en los que se han difuminado los límites entre los sectores público y privado”.[3] Pero ampliando mucho más tal definición y partiendo de una explicación más actual, podríamos decir que la gobernanza alude a un nuevo estilo de gobierno, distinto del modelo de control jerárquico, pero también del mercado, caracterizado por un mayor grado de interacción y de cooperación entre el Estado y los actores no estatales en el interior de redes decisionales mixtas entre lo público y lo privado. Implica “un cambio de sentido del gobierno, un nuevo método conforme al cual se gobierna la sociedad”.[4]
La esencia de la gobernanza, según plantea Natera, radica en que los mecanismos de gobierno no se basen en el recurso exclusivo a las autoridades gubernamentales ni en las sanciones decididas por éstas. No se caracteriza por la jerarquía, sino por la interacción entre actores corporativos autónomos y por redes entre organizaciones.
Como en todos los sistemas y nuevas formas de organización, éstas, no surgen de la nada o sin ninguna razón aparente. A través del desarrollo de la democracia en los estados modernos, han surgido algunos motivos y circunstancias que han hecho propicio el surgimiento de ésta nueva forma de organización del gobierno, a través de la gobernanza. Según pude organizar a través del texto de Natera, las más destacadas son las que escribo a continuación.
Razones que justifican la aparición de la gobernanza como sistema de gobierno
· El estado ha dejado de tener el monopolio sobre los conocimientos y sobre los recursos económicos e institucionales necesarios para gobernar.
· La crisis fiscal del Estado, producida en las décadas de los ochenta y los noventa en los países occidentales.
· El giro ideológico hacia el mercado y el “desencanto” acerca de las capacidades del Estado para la mayoría de las perspectivas ideológicas.
· La globalización, debido a las consecuencias que ha tenido en la habilidad tradicional del Estado para dirigir la sociedad y a la transferencia de competencias a instituciones internacionales.
· La necesidad de contratar, delegar e implantar nuevas modalidades de regulación.
· El incremento de la complejidad y fragmentación de las estructuras políticas y administrativas.
En cualquier caso todos estos factores de transformación de las estructuras estatales, mencionados más arriba, no deben interpretarse necesariamente en clave de debilidad del Estado, ya que éste sigue siendo el vehículo esencial en la persecución del interés común de la sociedad. Lo que estamos presenciando es una transformación del Estado para adaptarse eficazmente a los nuevos retos del siglo XXI, en el que se revalorizan de modo especial sus capacidades en lugar de sus poderes formales. En pocas palabras, “la gobernanza no implica el fin o el declive del Estado, ya que su papel sigue siendo crucial como una estructura fijadora de fines y de coaliciones, aunque en buena medida lo haya perdido como estructura de implementación”[5], y es que en su expresión más general, la gobernanza se refiere a un cambio en el equilibrio entre el Estado y la sociedad civil, en el que se pone el acento en la ciudadanía activa y la vincula, en definitiva, a debates más amplios en torno a la democracia deliberativa.
Ventajas de la organización en redes
En las redes de políticas, el Estado y la sociedad se acoplan de modo flexible, y la interacción en el interior de la red puede producir el consenso y la interacción. De manera resumida, quiero plantear las ventajas de la gobernanza en la aplicación del estado y la sociedad.
· La estructura de red fomenta la eficacia y la innovación.
· Mayor acceso a una variedad de fuentes de información.
· Mayor oportunidad de aprendizaje.
· Bases más flexibles y estables para la coordinación y el aprendizaje interactivo.
· Facilita la implementación de mecanismos adecuados para la creación y el acceso al conocimiento tácito.[6]
· La definición de problemas, la toma de decisiones y su ejecución, no pasa por la acción aislada de una élite político-administrativa relativamente homogénea y centralizada, sino por la adopción de formas de coordinación a distintos niveles.[7]
· Este sistema organizacional promueve la transferencia de poderes hacia las sedes comunitarias.[8]
Explicación gráfica de la Gobernanza
ESTADO
Regulador
Institución
Privada A
Privada B
Institución
Pública C
Privada D
Pública E
En este esquema, intento explicar gráficamente, la Gobernanza, como sistema organizacional, gesticulado por redes, donde el Estado funciona como regulador de la misma, y donde los límites entre el sector público y privado se han difuminado. Valga la observación de que la comunicación entre los distintos entes, que forman la red, es posible, sin tener que pasar necesariamente por el Estado. Es el ejemplo de la Institución privada A y la pública D.
Tipos de relaciones que conforman las redes de Gobernanza
Natera propone en su Documento de Trabajo nº 2/2004, siete tipos de relaciones de cooperación actores públicos-privados, los cuales se corresponden con otros tantos tipos de redes. A saber:
1. Relaciones formales de autoridad, que se presentan en todo tipo de escenarios y constituyen la base para la cooperación dentro de las clásicas organizaciones burocráticas.
2. Las relaciones coercitivas, que representan un subtipo de la red, basadas en relaciones formales de autoridad.
3. Las relaciones utilitarias (no clientelares) se basan en el intercambio negociado, implícita o explícitamente, de determinados bienes, servicios o favores.
4. Las relaciones clientelares constituyen un tipo particular de relación de cooperación utilitaria y por tanto, comparten con ella la característica principal de sustentarse igualmente en el intercambio de bienes entre actores gubernamentales y el resto de actores de la red.
5. Relaciones articuladas como coalición, en este caso los actores gubernamentales entablan relaciones de colaboración con otros actores, en virtud de la creencia común de que se trabaja a favor (o en contra) de una causa que beneficia a todos.
6. Relaciones de cooptación interesado, en este tipo de relación, la cooperación de los actores gubernamentales con otros actores de la red, se sustenta en la integración de alguno de sus miembros en la esfera decisional del gobierno.
7. Relaciones personales. Estas tienen la ventaja de que no requieren muchos recursos para crearlas y mantenerlas, ni se pierde autonomía en la colaboración derivada de ellas.
En teoría, todos los tipos de relaciones que se han definido, pueden utilizarse para conformar una red de gobernanza. No obstante, ha de comprobarse qué tipos predominan en cada caso, y ha de demostrarse qué combinación de ellos es más operativa para la consolidación de dicha red.
Problemas de los sistemas de gobernanza[9]
Del recorrido trazado se pueden deducir cuatro tipos de problemas de los sistemas de gobernanza. A saber:
· La tensión que se produce entre la complejidad del proceso decisional asociado a los sistemas de gobernanza y los códigos normativos empleados para explicar y justificar el gobierno.
· En un sistema de gobernanza tiende a producirse una difuminación de las responsabilidades, que halla su expresión institucional en la desaparición de los límites entre lo público y lo privado.
· La tensión persistente que se produce entre la tentación de intervenir de forma obligatoria o vinculante en la regulación de conflictos, por un lado, y la dependencia de la acción y aceptación por parte de los actores participantes en la gobernanza, por otro.
· Aún cuando los responsables públicos y líderes políticos desarrollen las tareas apropiadas, los sistemas de gobernanza pueden fracasar, por razón de las tensiones y los problemas con las organizaciones de la sociedad civil.
Un caso concreto sobre el tema de la Gobernanza, en la República Dominicana
Para terminar mi trabajo sobre gobernanza, me gustaría hacer mención, a través de un artículo que conseguí en mi investigación, que toca un punto particular y más palpable sobre el tema de la gobernanza en la República Dominicana, me refiero al interés, que ya para 1997 se venía fraguando, el caso de “La descentralización, responsabilidad y proactividad de los ayuntamientos” del gobierno central. Una forma de poner en práctica la gobernanza, en un país donde el paternalismo, el clientelismo y las dependencias de producción impiden que el “sistema de redes”, sea puesto totalmente en práctica.
JOSEP CENTELLES[10]
Descentralización, responsabilidad y pro-actividad: el caso de República Dominicana
…el caso concreto de República Dominicana, con sus peculiaridades, sigue la pauta de los demás países de la región. El inicio de las transferencias centrales a los ayuntamientos a partir 1997 ha sido un gran revitalizador del extremadamente lánguido y decaído municipalismo dominicano. Mediante estas transferencias se ha conseguido que el gasto municipal agregado de todo el país llegue superar levemente el 1% del PIB, situándose dentro de la normalidad de la sub-región pero por la franja baja.
El principal problema del sistema municipal dominicano es su prácticamente nula recaudación municipal. En el 2003 las transferencias centrales cubrieron más del 95% del gasto municipal agregado. Ello, a todas luces es grave. Su gravedad reside en que con este sistema de financiación se estimula el despilfarro frente a la responsabilidad en la gestión municipal. Es muy mal precedente para la democracia que un político pueda presentarse a las elecciones ofreciendo un programa a la ciudadanía, que va a ser financiado por otra instancia gubernamental. Es un atentado a la responsabilidad política de los electos y a la larga una clara erosión de su autoridad.
Si el sistema financiero municipal dominicano está mal enfocado, corresponde corregirlo y ello es posible. Expliquemos, para quien no lo conozca, que algo parecido, aunque en menor grado, aconteció en España cuando el estado se descentralizó en comunidades autónomas que carecían casi totalmente de responsabilidad fiscal, pronto se corrigió y se empezó a desarrollar el concepto de "corresponsabilidad fiscal" entre el gobierno central y los gobiernos autonómicos. No se trata ni mucho menos de copiar lo que se está haciendo en España ya que estamos frente a realidades muy distintas. En dominicana la solución al problema pasa por desarrollar un código tributario municipal y utilizar una parte del volumen de los recursos que ya se transfieren a los municipios para estimular la recaudación propia. Esta ha sido una práctica muy común en Europa y en varios países latinoamericanos. Es decir, el ayuntamiento que no recaude en su territorio no entrará en la distribución de una parte de las transferencias. La mejor fórmula es la que distribuye esta parte en función del incremento anual de recaudación en determinados impuestos, especialmente en el de bienes inmuebles que está universalmente aceptado como el impuesto más genuinamente municipal.
No todo son críticas al municipalismo dominicano, siempre hay excepciones y en este caso, por lo menos una es muy honrosa. Se trata de la ciudad de Santiago de los Caballeros. Santiago recauda localmente más de lo que recibe por transferencias, mientras que la media del total de municipios es sólo del 5%. El comportamiento responsable de Santiago no es de extrañar cuando se conoce su historia y la madurez de su sociedad civil que ha demostrado una fabulosa capacidad de auto-organizarse para la mejora de la ciudad y sus infraestructuras, recibiendo, las más de las veces, escaso o nulo apoyo del gobierno central. La vitalidad de Santiago como ciudad la comparten su ayuntamiento y la sociedad civil organizada en el CDES que conjuntamente impulsan desde hace años una reflexión y un plan estratégico participativo para el desarrollo integral de la ciudad. Los esfuerzos de excelencia santiagueros han sido premiados recientemente en la ciudad de Río de Janeiro, donde se celebró el XII congreso anual del CIDEU (Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano), una prestigiosa asociación internacional de ciudades que eligió Santiago de los Caballeros como sede de su próximo congreso internacional en 2005. Pero quizás la mejor buena noticia para dominicana es que sabemos que el modelo de pro-actividad y de responsabilidad municipal de Santiago se está contagiando a una gran variedad de ciudades dominicanas.
CONCLUSIÓN
Gobernanza. f. Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía.
Así define el diccionario de la RAE la gobernanza, en su edición 2005. Sin embargo, hay que destacar, que esta “nueva” palabra, que de por sí trae consigo una nueva forma de concebir la organización de nuestra sociedad, está, sino en el horizonte, bastante lejos de llegar a ser una forma de gobierno en este país en el que nos ha tocado vivir, pues es bastante claro, que, aunque hemos superado momentos de crisis institucionales, políticas, gubernamentales y democráticas, no es menos cierto, el hecho de que aún cargamos el lastre de un sistema de gobierno, que aunque con pintas de democracia, está aún distante de lo que implica la utopía que significa para nosotros la democracia como tal.
¿Y qué tendrá que ver democracia con gobernanza? A mi juicio creo que ambas van tomadas de la mano. Aunque una precede a la otra. ¿Cuál? Como hemos de suponer, antes de haber gobernanza, debe de haber democracia. Pues la gobernanza como tal, implica que se hayan superado ya los obstáculos y barreras que impiden las relaciones cordiales entre el pueblo y el gobierno elegido.
Nos preguntamos entonces, ¿gozará la República Dominicana de tan novedoso y sugerente sistema organizacional? Sí, dirían algunos, no, otros tantos, y los más modestos ni opinarían al respecto. En mi opinión, mientras seamos partícipes y apoyadores silenciosos de un estado que se burla de la sociedad con “consultas” sociales como la construcción o no de un metro en Sto. Dgo., mientras sea el poder ejecutivo el que promueva, decida y, por qué no, apruebe, en sí mismo, una reforma constitucional, mientras la sociedad civil no sea conciente de que es tan responsable como el estado mismo, del avance o retroceso de su país, mientras democracia sea asistir un 16 de mayo a las urnas y nada más, mientras todo esto ocurra, no habrá democracia y por consiguiente, mucho menos Gobernanza.
[1] J. O. Prats (2003, 241),
[2] Pablo Mella. Gobernabilidad como gobernanza en el mundo del desarrollo.
[3] Antonio Natera. La noción de gobernanza como gestión pública participativa y reticular, pág. 5
[4] Rhodes, 1996: 652.
[5] Antonio Natera. La noción de gobernanza como gestión pública participativa y reticular, pág. 9
[6] Prats, 2004: 23.
[7] José Manuel Ruano de la Fuente. La gobernanza como forma de acción pública y como concepto analítico, pág. 2
[8] Renate Mayntz, Nuevos desafíos de la teoría de Governance.
[9] Aquí hago un resumen de las “propuestas” en torno a la gobernanza de Stoker (1998), que aparece en “La noción de gobernanza como gestión pública participativa y reticular”, de Natera, pág. 27 y sgts.
[10] Josep Centellas es urbanista, adjunto a la dircción del IIG en gobernanza local y urbana, consultor en estrategias urbanas del CIDEU; recientemente ha realizado un estudio comparado del municipalismo en la región de Centro América y Caribe, del cual está tomado este artículo.
lunes, 26 de noviembre de 2007
Definición de Gobernanza
Evaluación de la definición de democracia

Re-evaluación de la definición de democracia
El primer día de clases hicimos un ejercicio muy interesante, que consistía en escribir en una hoja la definición de “democracia” que tuviéramos desde la escuela, o la que supiéramos en ese instante, para que más luego, mientras avanzara el curso, ver si esa idea de democracia sufría cambios o no. Mi definición, que particularmente, admito que es de Moral y Cívica de 8vo. curso, fue la siguiente:
Democracia es el poder del pueblo o de la mayoría. Es la decisión de un grupo o de una sociedad, de elegir a sus representantes para que le gobiernen.
Resultó muy ilustrativo, en las primeras semanas de clase,
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el hecho de poder entender que la democracia como tal, ha sido un concepto y a la vez, una forma de gobernar, que a lo largo de la historia se ha ido adaptando al contexto del tiempo de los hombres y líderes que en cada período han administrado el poder. Fue por eso, que partiendo de las definiciones de Aristóteles, para la explicación de democracia clásica, y más adelante, con textos de autores, considerados expertos en la materia, entre los que destacan: Tocqueville, Dahl, Sartori, Bobbio, Arendt y “Máximo Salvadori”[1], intentamos comprender la democracia moderna y contemporánea y a la vez reflexionar sobre el proceso evolutivo de la democracia como forma de gobierno, hasta llegar a propuestas muy nuevas, al menos para mí, como la de “Gobernanza” de Natera y Mayntz y la de “Posdemocracia” de Crouch.
Para entender mejor el proceso evolutivo que ha ido experimentando la democracia, fue menester conocer primero, la democracia en la antigüedad. A diferencia de las democracias actuales, la democracia de las ciudades Estado de la Grecia era una democracia, donde todos los ciudadanos tenían voz y voto en sus respectivos órganos asamblearios. No se conocía el gobierno representativo, innecesario debido a las pequeñas dimensiones de las ciudades Estado (que no sobrepasaban casi nunca los 10.000 habitantes). La primitiva democracia de estas primeras civilizaciones europeas no presuponía la igualdad de todos los individuos, ya que la mayor parte del pueblo, que estaba constituido por esclavos y mujeres, no tenían reconocidos derechos políticos. Atenas, la mayor de las ciudades Estado griegas, regida por un sistema democrático, restringía el derecho al voto a aquellos ciudadanos que no hubieran nacido en la ciudad.
Al parecer, mi definición de democracia de 8vo. curso, no dista mucho de lo que es la democracia de la Grecia clásica, donde el pueblo, y lo que era considerado como pueblo, ejercía directamente su opinión, y hacía sus planteamientos frente a la asamblea, para debatir discutir y opinar. Hoy está clarísimo que la democracia no funciona de esa manera y que uno de los cambios más significativos que ha experimentado, es que el pueblo, por ser tan numeroso, no puede hablar y ser escuchado si no es mediante la representatividad [2] que mediante sufragio, él mismo ha escogido.
La democracia no se desarrolla en medio de la nada, necesita un espacio, un territorio, una comunidad donde sentirse, una sociedad donde ser discutida y llevada a la práctica. Tonéis, uno de los primeros autores estudiados en el curso, nos hace pensar en dos tipos de organizaciones sociales, una comunitaria, y otra societaria. La primera, con vínculos de cercanía y proximidad, se caracteriza por tener intereses comunes y vínculos espontáneos. Es una sociedad semejante a la democracia en el contexto de la Grecia antigua. La segunda, la organización en sociedad, posee características contrapuestas a la primera. Intereses individuales donde cada persona busca satisfacer sus necesidades, sin tomar en cuenta a los demás. Esto genera un problema que es resuelto mediante el contrato, donde partes y partes se ponen de acuerdo de hasta donde llegan los límites y las posibilidades de los firmantes del contrato. Por último, vemos una sociedad con características, que al responder a intereses particulares, elimina por default[3], los vínculos que se veían en la sociedad comunitaria.
Una de las opiniones que generó bastante discusión en clase, fue la lectura del texto de Tocqueville ¿Qué es la democracia? De las características más generales que puede resumir, pues esto no es el momento de abundar mucho sobre el tema, destaca una definición de democracia cuyas características principales son:
· igualdad de condiciones
· dinamicidad
· libertad
· necesidad de costumbres y creencias
· orden legal
Para Tocqueville, la democracia consiste en un desarrollo gradual y progresivo de igualdad de condiciones, en poblaciones que comparten un mismo territorio. Esta lectura provocó una especie de escepticismo en el aula, donde se planteaba si el texto de Tocqueville resultaba o no un poco romántico, utópico y cargado de ideas bonitas. Al principio, fui uno de los primeros, si no el primero, en hacer dicho planteamiento. Pero es aquí donde mi evolución sobre lo que es la democracia, continuaba su lento proceso, pues me di cuenta de que, como en clases más tarde se comentó, la democracia sí es un ideal, sí es una utopía, sí es un sueño, pero no el sentido aéreo de la palabra, sino más bien mirándola como un esquema de referencia donde todos miramos y tratamos de llevar a cabo lo que podemos de un modelo inicial. Si esto es cierto, no existe ningún país o nación plenamente democrático, sino que existen naciones, estados-modernos, más próximos o lejanos, a lo que la democracia como marco de referencia, representa, o como diría Dahl, “la teoría democrática no ha sido planificada del todo. Esa idea va tomando forma a través de la historia”.
Estando claro entonces que la democracia no es, ni una idea fija-congelada y tampoco un planteamiento matemático que “es o no es”, hay que entender que esto no significa que a cualquier nación que adopte lo que sus posibilidades le permite y a cualquier sistema de gobierno le vamos a decir “!Sí, esto es más o menos una democracia!”. Para dejar claro esta idea, voy a recoger los puntos básicos, que a mi entender, y esto forma parte de mi proceso definitorio evolutivo, debe tener la democracia:
· sufragio universal
· homogeneidad
· representatividad
· poderes del estado bien definidos, no intromisión (aunque la gobernanza y la posdemocracia discrepan de esta idea)
· libertad de expresión
· “alcanzar una cooperación ilustrada y ejercitar el control final de la agenda”[4]
A partir de estas ideas podemos formularnos una pregunta, ¿vive la República Dominicana ese ideal democrático y en qué grado? Hay que destacar, como mencionaba en el primer ensayo que entregué para esta materia, que nosotros, los dominicanos, somos herederos de un sistema democrático caracterizado por corromperse a sí mismo y a cuantos hay en él. Somos herederos de una forma de gobierno, con pintas de democracia, que no ha podido salir del círculo indefinido del irrespeto al derecho del ciudadano común y de los bienes públicos. Nuestra democracia se encuentra en un estado embrionario y viejas formas autoritarias de gobernar aún subsisten en nuestra práctica política. La única salida para nosotros, sería evolucionar de un sistema político basado en el totalitarismo unipersonal del presidente, hacia uno fundamentado en los elementos determinantes de la auténtica democracia representativa. No es una utopía tipo “el país de nunca jamás”, es una realidad que otros países han logrado, o están en los procesos finales de asimilar.
Uno de los temas más interesantes de la clase, que dio otro giro a mi idea de democracia, fue el tema de la Gobernanza, donde pudimos dialogar con los expertos en la materia, Mayntz y Natera. Este último nos planteaba de manera práctica y resumida, que la gobernanza “se refiere a la puesta en práctica de estilos de gobernar en los que se han difuminado los límites entre los sectores público y privado”. Pero ampliando mucho más tal definición y partiendo de una explicación más actual, podríamos decir que la gobernanza alude a un nuevo estilo de gobierno, distinto del modelo de control jerárquico, pero también del mercado, caracterizado por un mayor grado de interacción y de cooperación entre el Estado y los actores no estatales en el interior de redes decisionales mixtas entre lo público y lo privado. Implica “un cambio de sentido del gobierno, un nuevo método conforme al cual se gobierna la sociedad”.
La gobernanza como tal, requiere otro nivel, en el que hay un supuesto base, y ese sería que ya la democracia está funcionando y es respetada por las instituciones y por el estado mismo.
Finalmente, era prudente terminar el curso viendo, a grosso modo, qué papel juega la democracia en el siglo XXI, que como contemporáneos de él, nos ha tocado vivir. Y es que si bien la democracia da la impresión de pasar por uno de sus mejores momentos, con un creciente número de países implementándola o consolidándola como su forma de gobierno[5], paralelamente también han aumentado las manifestaciones de hartazgo y desencanto de la misma vida democrática, como lo muestran los altos índices de abstencionismo electoral y el descenso de los niveles de satisfacción con el funcionamiento de ésta en el mundo[6].
Para explicar esta paradoja, el sociólogo Colin Crouch en su libro “Posdemocracia[7]”, amplía este análisis democrático a tres momentos, el predemocrático, el democrático y el posdemocrático, pero, por razones obvias, tocaré solamente el tema de la posdemocracia, esto para intentar ilustrar mejor dónde podemos situar nuestras democracias, o mejor dicho, nuestra democracia dominicana, respecto de la ideal. Pero, debemos preguntarnos antes, ¿qué es la posdemocracia? Crouch plantea que el concepto de posdemocracia describe aquellas situaciones en las que el aburrimiento, la frustración, la desilusión y los poderosos intereses de una minoría, han logrado el desencanto de la población o de un grupo de la sociedad, del sistema democrático; alude también a aquellas situaciones en las que las élites políticas han aprendido a sortear y a manipular las demandas populares y las personas deben ser persuadidas para votar mediante campañas publicitarias. Algunas de estas situaciones también son características de la predemocracia, más Crouch explica que no se trata de un retroceso, sino de una evolución en forma de parábola, ya que “al tiempo que nos movemos en la dirección opuesta, nos situamos en un punto diferente del tiempo histórico y llevamos con nosotros la herencia de nuestro pasado reciente”.
Otro factor de suma importancia, para entender la posdemocracia, es el papel que juegan las empresas en el sistema organizacional del estado moderno, es decir, nos enfrentamos a unos nuevos sistemas de relación, donde los gobiernos se ven postrados ante las exigencias de una élite, de un grupo de empresarios (y en la República Dominicana, de sindicatos tan fuertes como FENATRANO), que increíblemente tienen en sus manos el control parcial o casi total (mayor ejemplo que el de la huelga sin previo aviso que hizo FENATRANO, el jueves 30 de noviembre) de los destinos del país y que los ciudadanos se supone confiaron a quienes eligieron en las elecciones.
Teniendo en cuenta antes de nada que “definir” es: delimitar y explicar con exactitud y precisión el significado de algo. Quiero hacer notar que al realizar este pequeño recorrido a través del curso, donde he querido hacer constar mi evolución sobre mi definición de la democracia, y después de haber comentado este último tema sobre la posdemocracia, algo sí me ha quedado claro, y es que en el contexto político y económico, en el que nos ha tocado vivir en pleno siglo XXI, siglo de la globalización y el capitalismo, siglo de la informática y de la técnica, siglo del triunfo de la democracia como sistema política mayoritario en el mundo, y finalmente, por qué no, siglo de los ricos y de los más pobres, la democracia presenta aspectos preocupantes muy difíciles de definir. “En primer lugar, la democracia es una planta muy frágil en muchos de los Estados que han accedido en época reciente a la libertad y el pluralismo (pensemos por ejemplo en la Federación Rusa); en segundo lugar, y esto en ciertos aspectos lo más preocupante, en los Estados en los que la democracia es antigua y está consolidada, las instituciones se hallan sometidas a fuertes tensiones y a un proceso de deterioro debido, sobre todo, al hecho de que los sistemas democráticos, creados para responder a realidades nacionales, tienen que hacer frente a realidades muy distintas a causa de los procesos que determina la globalización”[8].
Tomando en cuenta lo visto anteriormente, la pregunta ya no sería ¿qué es la democracia? pues vagamente ya tenemos una idea. El nuevo planteamiento del interrogante sería: ¿qué nos espera? y qué aportaremos nosotros para que en el espacio que nos ha tocado vivir, los tiempos cambien y las condiciones de los menos agraciados del “maravilloso y utópico” sueño democrático se hagan realidad. Yo he contestado en al menos seis páginas la pregunta que se me hacía a principios del curso, ahora espero que el futuro nos ayude a contestar la pregunta que yo lanzo al final del mismo.
[1] Incluyo a Massimo L. Salvadori en esta lista pues leyendo su libro “Breve historia del siglo XX”, encontré unas opiniones muy interesantes sobre la democracia en el siglo XXI, que utilizaré más adelante en mi trabajo.
[2] Las palabras o frases que voy resaltando en negrita, representan el extracto de mi evolución en la definición de democracia. Son ideas o frases que antes de iniciar el curso no conocía o no me las había planteado.
[3] No encontré una palabra apropiada en español, pues predeterminado suena a informática y defecto suena a error.
[4] Robert Dahl, Poliarquía, instituciones de la democracia y circularidad normativa-descriptiva.
[5] Como lo menciona Crouch en su libro, los países que celebran elecciones razonablemente libres, condición
mínima para ser considerados democráticos, han pasado de 147 en 1998 a 191 en 1999.
[6] Informe del Latinobarómetro 2004, el apoyo a la democracia pasó de
61% en 1996 a 53% en el 2004.
[7] Crouch, Colin; Posdemocracia; Taurus; México; 2004.
[8] Massimo L. Salvadori, Breve historia del siglo XX, pág. 208.
INSUFICIENCIAS DEL ORDENAMIENTO POLÍTICO EN LA REPÚBLICA DOMINICANA

- Tomando en consideración la distinción entre democracia clásica y moderna –
"Si no llego a ver por mí mismo la liberación de éste pueblo la veré a través de mis ideas”.
Juan Bosch
A lo largo de la historia que ha vivido la humanidad, siempre ha habido una constante, que podría asegurar, ha caracterizado nuestra raza humana. Me refiero a esa movilidad que han experimentado a lo largo del tiempo las instituciones, las creencias, las convicciones y la forma en la que el ser humano ha vivido su relación con sus iguales. No se escapa a esta movilidad, donde nada es constante y todo fluye, la democracia, que como ya sabemos,
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y desde una definición un tanto moderna, es la forma de sistema político por el que el pueblo de un Estado ejerce su soberanía mediante cualquier forma de gobierno que haya decidido establecer. Pero claro está, esta no siempre ha sido la idea de democracia que ha existido siempre.
A diferencia de las democracias actuales, la democracia de las ciudades Estado de la Grecia era una democracia, donde todos los ciudadanos tenían voz y voto en sus respectivos órganos asamblearios. No se conocía el gobierno representativo, innecesario debido a las pequeñas dimensiones de las ciudades Estado (que no sobrepasaban casi nunca los 10.000 habitantes). La primitiva democracia de estas primeras civilizaciones europeas no presuponía la igualdad de todos los individuos, ya que la mayor parte del pueblo, que estaba constituido por esclavos y mujeres, no tenían reconocidos derechos políticos. Atenas, la mayor de las ciudades Estado griegas, regida por un sistema democrático, restringía el derecho al voto a aquellos ciudadanos que no hubieran nacido en la ciudad. Sin embargo, como hemos venido estudiando a lo largo del curso de Filosofía Social, este sistema “democrático” fue cambiando, hasta convertirse en lo que nosotros hoy conocemos como democracia moderna, cuyas característica principal, por no entrar en detalles que ya conocemos, radica en que la autoridad suprema la ejercen en su mayor parte los representantes elegidos por sufragio popular en reconocimiento de la soberanía nacional. Es una democracia participativa y heterogénea.
Ya entrando en materia, pues me pareció necesario hacer una pequeña distinción entre ambas democracias, antes de abordar el tema central del trabajo, podríamos afirmar, que al igual que la mayoría de los países - estados modernos - , La República Dominicana ha pasado por un proceso de evolución, para asimilar en sí misma y en todos sus niveles sociales e institucionales, lo que es, o debería ser la democracia. Podemos observar que en la República Dominicana, la instauración de los valores esenciales de la democracia, como en la mayoría de los países de Latinoamérica, se inició con el proceso de su propia emancipación, y no de independencia como llaman algunos, al que sucedió una época de regímenes constitucionalistas, desde los gobiernos de Pedro Santana, Buenaventura Báez y otros. En los años siguientes, antes y después de la guerra restauradora, se promulgaron constituciones en forma excesiva a consecuencia de los constantes cambios políticos y las imposiciones de los grupos dominantes y sus antojos. Casos recientes como los de la época de Trujillo, Balaguer, y la última en el período de Hipólito Mejía con la lucha por la reelección, son algunos ejemplos que se pueden mencionar. Otro aspecto a destacar es el predominio del caudillismo desde los inicios de la historia de nuestro país, así como los enfrentamientos ideológicos, la dependencia económica externa, y la larga y dura dictadura que vivió el pueblo dominicano en la era de Trujillo. Estos han sido algunos de los factores que provocaron y siguen provocando la inestabilidad social y económica que vivimos y que se han convertido en rasgos característicos de la política “democrática” en La República Dominicana.
A este punto de nuestro trabajo podemos entonces preguntarnos: ¿Vive La República Dominicana un sistema democrático caracterizado por los mínimos que complementan a un estado moderno en el siglo XXI? Nuestro país, a partir del ajusticiamiento del dictador Rafael L. Trujillo, en 1961, experimentó un proceso de corte sociopolítico matizado por una batalla inexpugnable de un gran segmento de la población, con deseos de alcanzar la libertad, opuesta al intento desesperado de los herederos del tirano por perpetuarse en el poder, hecho que dio lugar a varios años de luchas y enfrentamientos entre los distintos grupos políticos envueltos en la contienda por dirigir los destinos de la nación, surgiendo así la máxima expresión de estas luchas, la insurrección popular de abril de 1965. 'Vuelta a la constitucionalidad de 1963' fue la consigna de dicho movimiento. Del mismo modo, el año 1961 marcó el punto de partida de toda una revolucionaria catarsis de la sociedad, que emprendió el levantamiento de las masas contra el arbitrario esquema político y social dominante, proceso que se vio obstaculizado por la permanencia de elementos típicos de la cultura político-local, heredadas por prácticas autoritarias. No es mi intención entrar en estos detalles históricos sobre el proceso democrático en la República Dominicana, sólo he querido resaltar esos puntos para dejar ver, que nuestro país, en más de una ocasión, ha intentado salir de esa inercia conformista, en la que los gobernantes, pueden hacer o deshacer a su antojo, la idea y la visión de democracia del pueblo dominicano.
Pero, ¿qué ha pasado? ¿Será que dichas contiendas no fueron suficientes para fraguar las aspiraciones democráticas en el pueblo dominicano? o mucho peor, ¿habrá sido que dicho pueblo no estuvo, ni está preparado, por poner un ejemplo, para un gobierno y una constitución, como la del 1963 en manos del profesor Juan Bosch? A mi parecer, la herencia caudillista y dictatorial, que es lo que hemos vivido desde los inicios de nuestra República, es la herencia que viven, en menor o mayor grado, nuestros actuales gobiernos, elegidos democráticamente. Gobiernos escritos desde unos esquemas manchados por el implacable velo de la corrupción, pues, los dominicanos, estamos viviendo en una sociedad, por qué no decirlo, democrática, pero que se burla del trabajo y del esfuerzo de la gente, que con su esfuerzo del día a día tratan de sacar sus vidas y su familia hacia adelante. Burlas como las del caso Baninter y Pepe Goico, aún sin resolverse y otros casos que actualmente están en la palestra pública y que sin muchas explicaciones, no llegan a un resultado en el que se les aplique la pena a aquellos que han violado nuestra constitución y se han aprovechado y robado nuestros recursos. Esta forma de gobernar, a la cual nos hemos acostumbrado, hace en su proceder, una herida profunda a lo que hoy llamamos democracia moderna, pues en más de una forma está violentando los derechos de los ciudadanos a llevar una vida en plena libertad, armonía y en plena concordancia con las afirmaciones que dichos gobiernos nos hicieron creer en la campaña.
Nosotros, los dominicanos, somos herederos de un sistema caracterizado por corromperse a sí mismo y a cuantos hay en él. Somos herederos de una forma de gobierno, con pintas de democracia, que no ha sabido, podido, o querido, realmente no sé que palabra sería la apropiada, salir del círculo indefinido del irrespeto al derecho del ciudadano común y de los bienes públicos. Debemos reconocer que nuestra democracia todavía se encuentra en un estado embrionario y que viejas formas autoritarias aún subsisten en nuestra práctica política. Debemos evolucionar de un sistema político basado en el totalitarismo unipersonal del presidente, hacia uno fundamentado en los elementos determinantes de la auténtica democracia representativa. No es una utopía lo que pretendemos lograr, es una realidad que otros países han logrado, o están en los procesos finales de asimilar, y, aunque bajo el lento proceso de los acontecimientos históricos, en nuestro país, está muy próximo a llegar, por ello, debemos luchar
CULTURA Y SOCIEDAD
CULTURA Y SOCIEDAD
Idea central:
Son muchos los aspectos que definen las distintas sociedades así como su variedad y adaptabilidad al medio donde existen. Más, no hay sociedad alguna, sin cultura que le defina, sin características propias que la diferencien o asemejen de otros grupos existentes “Pues no existe cultura sin sociedad ni sociedad sin cultura”.
El encuentro con las culturas
El ser humano, por naturaleza, tiende a rechazar todo aquello que desconoce, por tanto, cuando el ser humano comenzó a explorar el mundo en el cual vivía, empezó a descubrir, que no vivía sólo, y que por tanto, existían otros semejantes como él en la faz de la tierra. Así, cuando una civilización “superior” fue descubriendo a otra, que por así decirlo, no tenía las mismas costumbres, ideas y mecanismos existentes, la primera tendía a explotar a la segunda o peor aún, a acabar con esa raza, por el simple hecho de verla como “bárbara o salvaje”, como es el caso de los españoles en nuestra isla con la raza aborigen.
Cultura, concepto
Se puede definir como cultura los valores que comparten los miembros de un grupo social a las normas que acatan y a los bienes materiales que producen. Ninguna cultura puede existir sin sociedad, pero ninguna sociedad puede existir sin cultura, pues no tendríamos rasgos que definan nuestro grupo social.
La especie humana
Darwin plantea que el desarrollo de la especie humana se produjo por una “selección natural”, es decir, sólo los animales más adaptados sobreviven al medio y los menos capaces desaparecen. Por consiguiente, el origen del hombre, según Darwin, viene de la evolución de un grupo de mamíferos superiores, llamados primates, que tuvieron su origen hace unos setenta millones de años.
Muchos científicos se cuestionan, si por el hecho de que el ser humano viene de una cadena evolutiva, comparta entonces aún algunos rasgos con los demás animales de la tierra. Muchos científicos han llegado a la conclusión de que aunque los seres humanos posean algunas características que propiamente serían comportamientos instintivos, no es menos cierto que el ser humano es capaz de dominar estas necesidades, a diferencia de los demás animales.
Diversidad Cultural
Debido a la gran variedad de culturas existentes muchas veces resulta sorprendente y difícil aceptar las prácticas sociales de grupos desconocidos. En la sociología debemos de deshacernos de nuestros antifaces culturales para así poder ver los modos de vida de otros pueblos sin prejuicios.
Universales Culturales
Podemos ver algunos rasgos comunes entre todas las culturas, a estas analogías los científicos le han llamado universales culturales. Todas las culturas poseen una legua gramatical, un sistema familiar, organización política y religiosa, entre otras cosas.
Tipos de sociedad premoderna
Existe una gran variedad de sociedades humanas, que fueron descubiertas poco a poco, mientras la visión global del mundo iba ampliándose. Así según sus características básicas, tenemos sociedades: cazadoras y recolectoras, agrarias, de pastores, estados o civilizaciones tradicionales, del primer mundo, del segundo mundo y del tercer mundo.
Comentario Personal:
Es mucho tiempo el que ha pasado desde que las sociedades existentes en nuestro mundo comenzaron a encontrarse entre sí. Fue realmente una lucha entre imposición de culturas, donde el más fuerte prevalecía, y la sociedad más débil, se sometía a la otra. El tiempo ha pasado y aún tenemos la visión cerrada de nuestros antepasados, donde sólo creemos que nuestras creencias son las auténticas, así como nuestras costumbres y ritos. Es hora de despertar y hacer un “stop”. Vivimos en un mundo globalizado, donde las “culturas y las sociedades” deben de convivir entre sí, para que los errores de la historia no se vuelvan a repetir en nuestros tiempos.
miércoles, 21 de noviembre de 2007
¿Piensas que Platón con su legislación tiene razón? ¿Hace falta que se crea en Dios para que funcione un país?
No creo que haga falta creer en algún dios para que un país funcione, porque el ser humano, desde su razón, es capaz de organizar y organizarse a sí mismo y su sociedad. La razón humana, si se lo propone, es capaz de discernir que ciertas actitudes, que los creyentes en alguna divinidad llaman pecado, realmente son males intrínsecos, propio de la naturaleza “irracional-racional” que lucha por la supervivencia, buscando siempre para sí misma el provecho propio y la satisfacción de sus necesidades primarias y a veces no tan primarias. Es por eso que las sociedades, pienso yo, se pueden organizar y se ven en la obligación de castigar aquello que es incorrecto, o sea, que viola la ley, y no necesitan, por ende, acudir a alguna divinidad común para legislar la conducta humana. Por tal motivo pienso que no hace falta que se crea en algún dios para funcione un país.